Utilizar camas solares antes de los 35 años eleva en un 75% el riesgo de desarrollar melanoma, el tipo de cáncer de piel más agresivo. Esta advertencia proviene de la Cleveland Clinic, que remarca la inexistencia de una sesión segura debido a la alta concentración de radiación ultravioleta (UVA) que emiten estos dispositivos.

Las camas solares generan radiación UVA en cantidades mucho mayores que la exposición directa al sol, alcanzando entre 10 y 15 veces más intensidad. Esta radiación penetra profundamente en la piel, oscureciendo su pigmento y desencadenando daños acumulativos que pueden acelerar el envejecimiento cutáneo y aumentar la aparición de tumores malignos.

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Además del melanoma, el uso frecuente de camas solares incrementa el riesgo de carcinoma de células escamosas y carcinoma de células basales, con aumentos del 58% y 24% respectivamente, según datos de la Academia Estadounidense de Dermatología. Por su parte, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasifica estas máquinas como carcinógenas al mismo nivel que el amianto y el tabaco.

El impacto negativo no se restringe a la piel. La radiación UVA puede dañar también la estructura interna de los ojos y los párpados, provocando cataratas, melanoma ocular, fotoqueratitis, daño macular y degeneración macular. La protección ofrecida por gafas plásticas durante la sesión no siempre es suficiente para evitar estos daños.

Expertos vinculan el aumento de casos de melanoma en personas jóvenes, especialmente mujeres, con el uso creciente de camas solares. La Fundación para la Investigación del Melanoma señala que esta enfermedad crece más rápido en menores de 30 años que en otros grupos, y atribuye en parte este fenómeno al uso frecuente de bronceadores artificiales en mujeres jóvenes.

El uso reiterado de camas solares no solo eleva la probabilidad de cáncer, sino que también contribuye al envejecimiento prematuro de la piel. Los rayos UVA dañan el colágeno y otras fibras esenciales para mantener la elasticidad y firmeza cutánea, favoreciendo la formación de arrugas y manchas.