Ecuador inició un toque de queda nocturno que afecta a nueve provincias, donde se concentra la mayor parte de la violencia y delincuencia del país. La medida restrictiva se extiende desde las 23:00 hasta las 5:00 por un plazo quince días, con el objetivo de disminuir la actividad criminal durante la noche.

Entre las provincias restringidas están Guayas y Pichincha, que incluyen las ciudades de Guayaquil y Quito, núcleos donde se registra la mayoría de los incidentes delictivos a nivel nacional. Según datos oficiales, estas zonas representan cerca del 90 % de la violencia y el 86,7 % de la criminalidad general, lo que fundamenta su inclusión en el régimen de toque de queda.

Desde antes de la hora establecida, la Policía y las Fuerzas Armadas patrullan las calles y principales rutas para controlar la circulación y permitir solo el paso de personal autorizado, como agentes de seguridad o emergencias. Se instalaron puestos de control estratégicos para buscar armas, explosivos y a personas con órdenes judiciales activas, especialmente en Guayaquil y Quito, donde se prioriza la vigilancia sobre decenas de perfiles criminales.

La restricción nocturna también impactó la movilidad cotidiana, generando cierres anticipados del transporte público y el regreso adelantado de quienes habían viajado por el reciente feriado. Esta es la segunda vez en el año que el gobierno de Daniel Noboa implementa toque de queda con estas características.

En una experiencia previa aplicada durante marzo en menos provincias, la medida logró una reducción del 28 % en los homicidios y detenciones significativas, aunque no logró desarticular completamente las estructuras delictivas. Las autoridades también reconocieron que el delito se desplazó hacia otras regiones, lo que llevó a ampliar ahora la cobertura del toque de queda en respuesta a la escalada de violencia.