El operativo Aprender realizado en noviembre de 2025 evaluó a una amplia muestra de estudiantes de sexto grado en todo el país, quienes vivieron un inicio de la escolaridad marcado por la enseñanza remota durante la pandemia de COVID-19. Los resultados reflejan una mejora sostenida en Lengua y Matemática desde 2013, aunque con un impacto negativo durante la pandemia. En Lengua, más del 75% alcanzó los niveles satisfactorio o avanzado, mientras que en Matemática esta cifra descendió al 55%, con dificultades especialmente notorias en geometría.
Además, casi la totalidad de los alumnos evaluados tienen entre 11 y 12 años, y la mayoría nunca repitió grado. A pesar de los progresos, un porcentaje significativo aún se encuentra por debajo del nivel básico, especialmente en matemáticas, lo que señala la necesidad de fortalecer estrategias educativas en esta área. La mejora registrada no puede atribuirse al gobierno actual, ya que asumió recientemente y aplicó recortes en la financiación educativa.
El operativo también exploró cuestiones relacionadas con la convivencia y el clima escolar. Más de la mitad de los estudiantes identificó como principales motivos de conflicto aspectos físicos y de pensamiento, seguidos por la apariencia y el rendimiento escolar. Temas como la orientación sexual e identidad de género afectan a un tercio de los alumnos, mostrando un ámbito donde la educación sexual integral (ESI) podría jugar un papel más activo para reducir prejuicios.
Por otro lado, un porcentaje elevado de estudiantes aseguró que no percibe discriminación hacia pueblos indígenas, lo que podría reflejar tanto el avance de las escuelas interculturales como cambios sociales más amplios. En cuanto a las normas de disciplina, casi el 90% declaró conocer las reglas escolares, y más del 80% entiende las sanciones asociadas a su incumplimiento. El ambiente social dentro de las escuelas es positivo, con la gran mayoría reconociendo tener amigos y sentirse seguros en ese espacio.
En términos educativos, los resultados del operativo Aprender invitan a cuestionar el peso y alcance de las pruebas estandarizadas, dado que no contemplan la diversidad de trayectorias ni los contextos específicos de enseñanza en cada aula. Esto obliga a repensar cómo integrar estos datos con evaluaciones más ajustadas al día a día escolar para orientar políticas y prácticas pedagógicas.