Contrario al discurso habitual, un reciente estudio liderado por Daron Acemoglu, Premio Nobel de Economía 2024, sugiere que la disminución de la natalidad no frena el crecimiento económico, sino que lo potencia. La investigación analiza datos de más de 100 países entre 1950 y 2020 y revela que naciones con tasas de natalidad más bajas tuvieron un crecimiento económico superior en ese período.

El estudio se centra en la tasa de natalidad de cada país veinte años antes, dado que esa generación es la que integra la fuerza laboral dos décadas más tarde. Según los autores, una reducción de un punto porcentual en natalidad en 1950 se asoció con un incremento del producto interno bruto (PIB) por adulto en edad de trabajar cercano al 27% medio siglo después. Por ejemplo, la diferencia en natalidad entre Estados Unidos y México en 1950 explica casi tres cuartas partes de la brecha de crecimiento entre ambos países desde 1970 hasta 2020.

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Pese a que la población en edad laboral disminuye, el PIB total no baja, pues la productividad por trabajador compensa esa reducción. Así, las economías presentan menos cantidad de trabajadores pero mantienen o incluso incrementan su producción. Este efecto contradice la creencia extendida de que la baja natalidad lleva a sociedades envejecidas y economías estancadas.

Los investigadores descartan varios factores tradicionales para explicar este fenómeno: no se debe a una mayor inversión educativa por hijo, ni al aumento en la participación femenina en el trabajo, ni a la transición del sector agrícola a la industria. Tampoco se ajusta al modelo clásico de crecimiento que asocia menor población con menor capital. En cambio, plantean que la escasez de jóvenes impulsa la innovación tecnológica y la automatización, aumentando la productividad laboral.