En distintas regiones de Argentina, la presencia de barrios privados que incorporan lagunas artificiales y sistemas propios de captación y almacenamiento de agua se ha vuelto cada vez más frecuente. Esta tendencia refleja un interés creciente en vivir cerca del agua, aunque sea artificial, y convierte al recurso hídrico en un bien ligado al confort y al lujo.
El agua adquirió una relevancia distinta, transformándose en un recurso estratégico tanto para el consumo diario como para la valorización inmobiliaria. Según el director ejecutivo de la Cámara Argentina del Agua, la búsqueda de agua propia corresponde a un «deseo silencioso» que las clases con mayor poder adquisitivo han ido anticipando frente a la escasez y la calidad variable del agua en distintas zonas del país.
La calidad del agua en Argentina varía notablemente según la región y el operador responsable. Mientras algunas zonas enfrentan niveles preocupantes de arsénico, nitratos y metales pesados, otras cuentan con prestadores reconocidos como Aguas Cordobesas o AySA, cuyos servicios garantizan agua apta para consumo. Sin embargo, esta desigualdad impacta en millones de personas y refuerza la brecha en el acceso al recurso.
El mercado de consumo también refleja transformaciones profundas. Se observa una preferencia creciente por aguas premium, como el agua mineralizada, el agua mineral y el spring water, que procede directamente de manantiales sin procesamiento. El uso de envases de vidrio gana terreno frente al plástico para evitar la contaminación por microplásticos. Además, crece la instalación de sistemas domésticos de purificación, aunque no todos garantizan la eliminación de contaminantes peligrosos como arsénico o nitratos, advierten especialistas.
Este fenómeno no solo tiene una dimensión local, sino que trasciende fronteras con la exportación de agua virtual y una mayor demanda global de aguas de calidad. A nivel cultural, el consumo de agua gana terreno frente a bebidas alcohólicas y gaseosas, impulsado por cambios en los hábitos de vida saludable y regulaciones como las leyes de alcohol cero.
El auge de barrios privados diseñados alrededor de lagunas artificiales y de sistemas autónomos de abastecimiento convierte al agua en un nuevo objeto de estatus y exclusividad. Así, el recurso se suma a la lista de bienes identificados con el lujo y la diferenciación social, reflejando las tensiones entre acceso, calidad y significado social que atraviesan a la gestión ambiental y urbana.