El saldo mortal de los terremotos que azotaron el norte de Venezuela superó las cuatro mil cuatrocientas víctimas fatales. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, actualizó las cifras informando que 4.490 personas fallecieron como consecuencia de los dos movimientos sísmicos de magnitud 7,2 y 7,5, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia. Esta cifra convierte esta catástrofe en la más letal de la historia moderna del país.

Además de los muertos, Rodríguez reportó que la cantidad de heridos alcanzó los 16.740 afectados, mientras que 6.462 personas fueron rescatadas con vida. Casi 18.000 habitantes quedaron sin vivienda y ahora permanecen alojados en 89 campamentos temporales que las autoridades habilitaron para atender a los desplazados.

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El epicentro de ambos temblores se localizó cerca de Yumare, en el estado Yaracuy, pero las consecuencias más devastadoras se concentraron en La Guaira, donde la mayoría de los edificios colapsaron. Según el balance oficial, de los 190 inmuebles destruidos por completo, 158 se encuentran en ese estado, lo que representa más del 80% de las estructuras derrumbadas.

Imágenes satelitales procesadas por la NASA revelaron que en localidades del litoral como Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia la Mar, más de la mitad de las edificaciones tiene daños con una probabilidad superior al 75%. Por su parte, la Universidad Estatal de Ohio estimó que unas 59.000 construcciones sufrieron algún tipo de daño por los terremotos.

El avance en la contabilización de víctimas ha sido constante y acelerado. Mientras las primeras horas tras el desastre mostraron 188 muertos confirmados, solamente tres semanas después esa cifra superó los cuatro mil cuatrocientos. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) declaró desde el principio alerta roja por el alto potencial de destrucción y pérdida humana.

Un análisis científico explicó que la magnitud de esta tragedia no se relaciona únicamente con la fuerza de los sismos, sino también con la interacción de dos fallas geológicas, el tipo de suelo que amplificó las ondas sísmicas y el estado precario de las construcciones en muchas zonas afectadas. En este sentido, las deficiencias estructurales jugaron un papel crucial en la magnitud del daño y la cantidad de víctimas.

La zona afectada ya había vivido uno de los peores desastres naturales del país en 1999, conocido como la Tragedia de Vargas, cuando aludes dejaron miles de muertos. Sin embargo, el impacto de los sismos de 2026 supera con creces el de aquel evento fatal.