La demanda mundial de petróleo caerá este año por primera vez desde la pandemia de COVID-19, alertó la Agencia Internacional de Energía (AIE). Esta contracción afectará el consumo global ante la incertidumbre generada por la reciente escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, que dificulta la normalización del mercado petrolero.
El informe de la AIE indica que la demanda de crudo se reducirá en cerca de un millón de barriles diarios para 2026, una caída mucho menor que la registrada en 2020, cuando las cuarentenas y restricciones paralizaron industrias y vuelos internacionales, provocando una reducción cercana a ocho millones de barriles diarios. Sin embargo, la actual interrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz sigue teniendo un impacto significativo sobre la economía mundial y los flujos petroleros.
El conflicto reciente entre Estados Unidos e Irán, tras un breve acuerdo de alto al fuego, volvió a tensionar los precios del barril, que cayeron desde 98 a 70 dólares luego del arreglo, pero volvieron a subir a 78 dólares con la reanudación de las hostilidades. Este aumento pone en evidencia los riesgos que enfrenta la estabilidad de los mercados si no se logra una paz duradera en la región.
En cuanto a la oferta, la AIE detalló que la producción actual sigue por debajo en unos 9,4 millones de barriles por día respecto a los niveles previos a la guerra. Aunque durante junio el suministro global creció gracias a la reapertura parcial del Estrecho de Ormuz, las exportaciones totales aún no alcanzan los niveles anteriores al conflicto bélico. El tránsito y las exportaciones que evadían el paso por el estrecho subieron a 16,1 millones de barriles diarios, números todavía lejos del promedio de 24 millones de barriles antes de la guerra.
De cara a 2027, la AIE estima una recuperación con un aumento de la demanda cercano a dos millones de barriles diarios. Además, si los flujos petroleros a través del Golfo Pérsico mejoran, la producción podría expandirse en 7,5 millones de barriles diarios para ese año, lo que podría generar un superávit en el mercado petrolero a finales de 2026, aunque dicha previsión depende de la estabilidad geopolítica en la región.