Ulpiano Suárez, intendente de la Ciudad de Mendoza, se posiciona de cara a las elecciones de 2027 con una estrategia que exhibe tensiones al interior del radicalismo provincial. Mientras el gobernador Alfredo Cornejo apostó por una alianza con el Gobierno del presidente Javier Milei, el jefe comunal construye su capital político por una vía autónoma que no evita confrontar con la Casa Rosada.
Esa autonomía quedó particularmente expuesta cuando Suárez pidió la renuncia del jefe de Gabinete Manuel Adorni tras su exposición en la Cámara de Diputados. El intendente calificó el desempeño del Gabinete nacional como un "show" que ignora el esfuerzo cotidiano de los ciudadanos, estableciendo un límite moral que lo separa tanto de los libertarios como del silencio de Cornejo ante la gestión nacional.
Lejos de mantener una mera confrontación ideológica, Suárez sostiene reclamos concretos: exige la reforma de la coparticipación y la liberación de terrenos nacionales ociosos en la capital provincial. Estos planteos lo ubican en sintonía con referentes del peronismo local, como el intendente del departamento de Maipú, Matías Stevanato, en un escenario que podría conducir a una fórmula conjunta para 2027.
Suárez subraya que tener diferencias con el Gobierno de Milei no lo convierte en un enemigo, buscando así ganar el apoyo del votante moderado que vislumbra mejora económica pero rechaza la falta de sensibilidad de la gestión nacional. La posible alianza con Stevanato podría absorber parte del voto peronista, dándole una base sólida para sus aspiraciones de llegar a la Casa de Gobierno provincial.
En definitiva, el intendente se muestra como heredero natural del radicalismo mendocino, pero marcando límites tanto con la gestión de Cornejo como con la administración nacional, consolidando una estrategia de base exclusivamente provincial.