Spirit Airlines cesó sus operaciones el pasado sábado tras años de dificultades económicas agravadas por el aumento en los precios del combustible. La aerolínea, que contaba con aproximadamente 4.000 vuelos programados hasta el 15 de mayo, enfrentará ahora el desafío de procesar los reembolsos de pasajeros mientras inicia un proceso de liquidación ordenada.
La compañía no ha generado ganancias desde 2019. En su comunicado oficial, Spirit Airlines indicó que los recientes incrementos en el precio del petróleo y otros factores financieros impactaron gravemente su situación económica. La aerolínea señaló explícitamente que "no había opciones de financiamiento disponibles", lo que derivó en la decisión de suspender operaciones.
El secretario de Transporte, Sean Duffy, recomendó a los pasajeros de Spirit no presentarse en los aeropuertos, ya que no habría personal disponible para asistirlos. Los reembolsos de los vuelos cancelados están casi completos, según informó la compañía.
Duffy responsabilizó a la administración Biden por el cierre, apuntando específicamente contra el bloqueo de la fusión entre Spirit y JetBlue. Según el funcionario, esa decisión gubernamental resultó en una falta de competencia y opciones para los viajeros. "Esto no es lo que se prometió para los consumidores", expresó Duffy.
La senadora Elizabeth Warren, quien había respaldado el rechazo a la fusión, defendió su posición argumentando que el problema central fueron los costos del petróleo, no la operación bloqueada. Warren señaló en redes sociales que los republicanos intentaban desviar la culpa de factores que impactan directamente en los gastos de las familias.