River perdió ante Atlético Tucumán en el Monumental en un partido donde, pese a tener asegurada la clasificación y el segundo puesto, mostró una actuación que no satisfizo a los hinchas. El técnico Coudet había optado por alinear una formación con muchas variantes, pero el rendimiento colectivo del equipo fue nuevamente deslucido, con dificultades defensivas y escasa capacidad para generar peligro en el arco rival.

Desde el inicio, la afición se mostró inquieta. El gol tempranero del Decano intensificó la impaciencia: los murmullos y silbidos comenzaron a crecer entre los cantos de exigencia. En el segundo tiempo, la desaprobación fue más evidente. Los hinchas rechazaban cada error, cada jugada desperdiciada, incluso los pases hacia atrás. Cuando sonó el silbatazo final, una estruendosa silbatina bajó desde las tribunas. Junto al túnel de salida, los simpatizantes lanzaron insultos y reproches directos contra los jugadores.

Aunque los resultados en las últimas semanas fueron mayormente favorables, River no convence a su público. Jueguen titulares o suplentes, el equipo carece de ideas de juego, no fluye y entrega ventajas innecesarias. Individualmente, hay pocos futbolistas que logran mantener la aprobación de la tribuna. Algunos que antes generaban indiferencia ahora también reciben silbidos. Solo Beltrán, Acuña, los jugadores más jóvenes y algunos apellidos puntuales parecen representar y respetar la camiseta según la visión de los hinchas.

La bronca manifestada en el Monumental refleja un malestar más profundo: los resultados no alcanzan para justificar un fútbol que, semana tras semana, no logra satisfacer las expectativas de los seguidores riverplatenses.