El Ministerio de Salud de Tierra del Fuego continúa el seguimiento de los casos de hantavirus notificados por la Organización Mundial de la Salud vinculados a un crucero que desarrolló actividades en Ushuaia durante la última temporada. Hasta el momento, no se detecta circulación activa del virus en la provincia.

El hantavirus es un virus del género Orthohantavirus que provoca enfermedades zoonóticas transmitidas principalmente por la inhalación de aerosoles contaminados con secreciones de ciertos roedores. En América, esta infección causa el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), cuyo cuadro clínico inicia con fiebre y síntomas gastrointestinales, seguido por dificultad respiratoria y presión arterial baja.

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Estos casos suelen registrarse en zonas rurales donde habitan roedores, principalmente el denominado ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), considerado el principal reservorio del virus en la región Andino-Patagónica. En Tierra del Fuego, existe una subespecie de este roedor, aunque aún se debate su papel específico como portador natural.

Desde la Dirección Nacional de Epidemiología señalaron que Tierra del Fuego no presenta circulación activa de hantavirus y no registra casos desde que la enfermedad es de notificación obligatoria en el país. Además, la provincia de Santa Cruz, vecina y parte de la misma zona sur, no reporta casos desde hace varios años, ubicando a esta región en una zona de bajo riesgo epidemiológico.

El período de incubación de la enfermedad varía entre cuatro y 45 días, siendo lo habitual entre dos y tres semanas. La transmisión puede ocurrir desde dos días antes del inicio de la fiebre hasta cinco días posteriores, y aunque rara, se ha documentado transmisión interpersonal limitada relacionada con el virus Andes en situaciones de contacto estrecho y prolongado.

El cuadro clínico típico involucra síntomas como dolor de cabeza, mareos, escalofríos, fiebre, dolores musculares y gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea), que preceden a la insuficiencia respiratoria súbita e hipotensión. Por esto, la detección temprana y el seguimiento epidemiológico resultan clave para controlar posibles brotes.