La tapa del libro Podría quedarme acá, debut literario de Oriana Sabatini, generó una gran repercusión debido a su imagen oscura y realista, resultado de un proceso creativo poco convencional. La producción fue realizada en una morgue real y combinó herramientas digitales con investigación forense para captar visualmente el límite entre la vida y la muerte.

La directora creativa Dolores Laboureau, conocida como Loli, explicó que el proyecto comenzó con bocetos generados mediante inteligencia artificial. Sin embargo, el equipo decidió que necesitaban un enfoque más tangible, por lo que optaron por recrear la imagen en un espacio real. Para ello, investigaron cómo cambia la piel tras la muerte, prestando atención a aspectos como la textura y el color. Esta detallada pesquisa llevó a montar un set dentro de una morgue auténtica.

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La modelo que protagoniza la portada es Eugenia, amiga de Oriana, quien posó en el escenario especialmente diseñado para lograr la atmósfera deseada. Además, la familia Sabatini tuvo una participación directa: Tiziana, hermana de Oriana, se encargó del maquillaje y colaboró en la construcción del diseño artístico, aportando elementos vinculados al ámbito forense. En el backstage, se utilizaron guantes quirúrgicos, instrumental médico y hasta frutas para crear texturas y efectos visuales que enriquecieran la imagen.

Contrario a los prejuicios habituales sobre el entorno, Laboureau aseguró que la experiencia dentro de la morgue fue tranquila y respetuosa. Destacó que el equipo de trabajo local era joven y amigable, y que no percibieron ningún olor desagradable, lo que ayudó a crear un ambiente de calma para la producción. Esta combinación de trabajo digital, investigación y ambientación real logró finalmente la provocadora estética que transformó la tapa en uno de los diseños más comentados recientemente.