La reciente visita de Peter Thiel a Argentina, figura clave del ecosistema tecnológico mundial y cofundador de PayPal, plantea interrogantes sobre el papel que juega la inteligencia artificial (IA) en el país y cómo ésta ya no es solo una herramienta, sino una arquitectura de poder.
La IA ha dejado de ser un simple motor de innovación para convertirse en un sistema con intereses particulares, que utiliza datos y algoritmos para anticipar comportamientos. Esta transformación impacta en la manera en que la información llega a cada individuo, adaptándose y filtrándose para generar realidades personalizadas en lugar de compartir un mismo mundo común.
En este contexto, la vigilancia mediante algoritmos se presenta como una forma sutil de control. La experta Shoshana Zuboff ha señalado que estamos ante un “capitalismo de la vigilancia”, donde el poder funciona mejor cuando es invisible, transformando cada acción digital en materia prima para predecir y moldear conductas.
Este escenario genera un desafío educativo y político crucial: ¿cómo formar ciudadanos críticos cuando cada persona accede a una versión distinta de la realidad informativa? La alfabetización digital debe evolucionar para enseñar a leer y cuestionar los entornos digitales, reconociendo las lógicas implícitas y resistiendo la tentación de la comodidad que ofrece la personalización.
En definitiva, educar en la era de la inteligencia artificial significa aprender a "romper el algoritmo", fomentar el contraste y la búsqueda de perspectivas diversas que permitan reconstruir un espacio informativo común y plural. Así, se busca evitar una fragmentación social basada en realidades individuales y contribuir a una democracia más informada y crítica.

