El sistema portuario argentino es fundamental para el comercio exterior, canalizando aproximadamente el 90% de las exportaciones e importaciones, y facilitando la entrada de insumos para la producción industrial. La Cámara de Puertos Privados Comerciales (CPPC) organizó un congreso en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires para mostrar la diversidad y el alcance federal de esta red portuaria, que va más allá del tradicional agronegocio.

En el evento, su presidenta destacó la especialización de más de 100 puertos marítimos y fluviales, la mayoría gestionados por capital privado con inversiones tecnológicas durante décadas. Resaltó la importancia del Gran Rosario, considerado el segundo nodo exportador del mundo, y también subrayó el rol estratégico de otros polos portuarios del país, que diversifican la oferta y agregan valor a distintos sectores económicos.

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Entre estos polos se encuentran:

  • Zárate-Campana, nodo multimodal clave para carga general, minerales, contenedores y químicos, además del principal centro automovilístico del país.
  • Buenos Aires y Dock Sud, con gran volumen de comercio en contenedores, gestionando cerca de 1,8 millones de TEUs anuales, apoyados por la potencialidad del puerto platense.
  • Sur bonaerense, con el puerto de aguas profundas de Bahía Blanca como el principal nodo petroquímico nacional y Quequén especializado en trigo y cebada con alta eficiencia operativa.
  • El hub energético patagónico, que crece gracias a la Cuenca Neuquina y Vaca Muerta, con un oleoducto hacia Puerto Rosales que exporta más de 200.000 barriles diarios y un proyecto en Punta Colorada que ampliará esa capacidad hasta superar los 550.000 barriles.

La CPPC planteó que el desarrollo del sistema portuario debe entenderse como una red articulada, no solo como infraestructura aislada. Los puertos funcionan como plataformas estratégicas que pueden replicar en otros sectores la eficiencia logística que sostiene la exportación agroindustrial. La meta es ampliar esta capacidad a las industrias minera, energética y petroquímica, con la colaboración entre el sector privado y el Estado para potenciar nuevos “unicornios productivos”.