El estrecho de Ormuz volvió a ser escenario de una escalada militar cuando Estados Unidos e Irán protagonizaron un intercambio de ataques, que puso en evidencia la delicadeza de la tregua vigente entre ambas potencias. A pesar de las tensiones, el presidente Donald Trump aseguró que el alto el fuego se mantiene y que las negociaciones avanzan de forma positiva.

Según la agencia estatal iraní IRIB News, el origen del incidente fue un ataque estadounidense contra un petrolero iraní cerca del estrecho. Además, las fuerzas estadounidenses habrían bombardeado áreas civiles próximas a los puertos de Khamir, Sirik y la isla de Qeshm. Irán denunció que su flota sufrió ataques a dos buques en tránsito, uno de ellos un cisterna, y afirmó que estas acciones violaron el acuerdo de alto el fuego.

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En contraste, el Mando Central de EE. UU. (CENTCOM) informó que fueron las fuerzas iraníes quienes atacaron con misiles, drones y pequeñas embarcaciones a tres destructores estadounidenses —el USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason— durante su paso por el estrecho, sin que ninguno resultara dañado. El CENTCOM agregó que no busca una escalada, pero permanece alerta para proteger a sus tropas.

Expertos señalan que este choque responde a una disputa puntual en la que ambas partes procuraron preservar su imagen sin romper completamente el statu quo. Según un analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial, Estados Unidos buscó desafiar la situación con una operación llamada Proyecto Libertad, mientras que Irán respondió para mantener su prestigio en la región.

En el contexto político interno estadounidense, marcado por el inicio de la campaña electoral para el Congreso, se percibe un interés por evitar que los conflictos armados afecten la estabilidad política del país. Por eso, a pesar del aumento de tensión, tanto Washington como Teherán pretenden sostener la tregua para no desencadenar un conflicto abierto.