Durante la madrugada, ataques con drones lanzados desde Ucrania incendiaron depósitos y un buque cisterna en las regiones rusas de Rostov y Krasnodar, a cientos de kilómetros de la frontera entre ambos países. Las acciones afectaron especialmente a instalaciones petroleras en las ciudades de Taganrog y Armavir, esta última situada a más de 500 kilómetros del límite territorial con Ucrania.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky destacó en redes sociales que con estas operaciones «están devolviendo la guerra al lugar de donde vino», refiriéndose a que el epicentro de los ataques atraviesa los territorios rusos desde donde se coordina la ofensiva contra Ucrania. Esta estrategia busca minar la capacidad financiera del Kremlin, dado que la industria petrolera representa una fuente clave de ingresos para financiar la invasión.
Ucrania intensificó el uso de drones y misiles de fabricación local para extender su alcance a objetivos a media y larga distancia. En esta misma línea, los ataques a infraestructura energética rusa se han multiplicado en los últimos meses. La respuesta del Kremlin no se hizo esperar: Rusia aumentó el lanzamiento de misiles balísticos de largo alcance contra la red eléctrica ucraniana, tratando de golpear contra la capacidad civil y militar del país.
Por otra parte, el conflicto generó un incidente internacional días atrás cuando un dron ruso desviada impactó accidentalmente en un edificio de apartamentos en Rumania, país miembro de la OTAN, provocando heridas a dos personas. Este hecho aumentó la preocupación sobre el posible impacto de la guerra en países aliados y vecinos que no participan directamente en las hostilidades.

