La presión fiscal en Argentina alcanzó niveles históricamente bajos, según un informe reciente que señala una sostenida reducción de impuestos a nivel nacional. Sin embargo, esta mejora no se traduce en beneficios tangibles para las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), que siguen sufriendo el peso de la carga impositiva vigente en sus jurisdicciones locales.
El análisis hecho por un experto en tributos explicó que, aunque el Gobierno ha impulsado una política económica orientada a disminuir los impuestos desde niveles que rondaban el 33% en 2015, los costes fiscales provinciales y municipales sostienen un escenario desfavorable para las PyMEs. Estos gravámenes adicionales inciden directamente en los precios finales, afectando el bolsillo del consumidor.
Además, el especialista señaló que la reducción de la presión tributaria se ha logrado sin aumentar la deuda externa, a diferencia de gestiones anteriores. En cambio, sostiene que esta baja se financia con recortes en el gasto público, lo que representa un cambio en la estrategia económica para evitar dependencias financieras internacionales.
Sin embargo, la persistencia de tasas y tributos en niveles elevados a nivel subnacional complica que las PyMEs experimenten una mejora real en sus márgenes y competitividad. Esta situación genera un efecto indirecto sobre el consumidor, quien enfrenta precios que no reflejan aún la menor presión fiscal nacional.