El Ministerio de Economía presentó un esquema para afrontar los pagos de deuda externa hasta finales de 2027, apoyado en diversas fuentes de financiamiento que incluyen emisiones locales, préstamos internacionales y compras al Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, algunos economistas evaluaron que los supuestos para llevar adelante este plan son optimistas, especialmente por la fuerte presión cambiaria que implica.
Este año, el Tesoro debe afrontar vencimientos por una suma cercana a los 19.200 millones de dólares, mientras que el Gobierno dispone de fuentes por 22.900 millones, lo que le dejaría un margen aproximado de 3.700 millones para el próximo año. Entre las principales fuentes de financiamiento se encuentran emisiones internas por unos 6.000 millones de dólares, compras del Tesoro al BCRA por 6.700 millones y préstamos internacionales por más de 5.000 millones, entre ellos desembolsos recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), además de ingresos por privatizaciones y acuerdos de rollover con organismos y el sector público.
El centro de la preocupación radica en la gestión del balance cambiario para cumplir con las metas fijadas. Según Invecq, el BCRA debería comprar aproximadamente 13.000 millones de dólares en 2026 para respaldar las compras previstas por el Tesoro, pagos de servicios de deuda externa y la acumulación de reservas pactada con el FMI. A esta fecha, la autoridad monetaria ya ha adquirido cerca del 90% de esta meta.
El año 2027 presenta un escenario aún más exigente: las proyecciones estiman que el BCRA tendrá que adquirir alrededor de 11.000 millones de dólares para cubrir compras del Tesoro, compromisos con organismos internacionales y metas de reservas. Este desafío se agrava por tratarse de un año electoral, cuando la demanda de cobertura en moneda extranjera suele aumentar, además de un posible escenario internacional menos favorable.
Factores adicionales complejizan el panorama: la previsión de menores ingresos por exportaciones, ante la caída de los precios internacionales del petróleo, y la expectativa de crecimiento económico que podría impulsar un aumento de las importaciones, incrementando la demanda de divisas comerciales. En paralelo, los mecanismos como el dólar ahorro y el dólar tarjeta presionan adicionalmente las reservas, ya que la oferta de dólares no resulta suficiente para cubrir todas las demandas de la economía.
Estos elementos configuran un conjunto de riesgos que ponen en duda la sostenibilidad del programa financiero en el plazo previsto, elevando las expectativas sobre las decisiones que deberá tomar el equipo económico para evitar tensiones cambiarias que afecten la estabilidad macroeconómica.