El turismo en Cuba enfrenta una profunda crisis que impacta directamente en su economía, una de las pocas industrias capaces de sostener el ingreso de divisas al país. Entre enero y marzo, el número de visitantes extranjeros bajó considerablemente respecto al año anterior, reflejando el colapso del sector, que ya atravesaba dificultades estructurales.

El desplome se explica en gran medida por la escasez de combustible derivada del bloqueo petrolero estadounidense y la interrupción del suministro venezolano, que dejó a las aerolíneas sin la capacidad para operar vuelos internacionales hacia la isla. Como consecuencia, varias compañías aéreas suspendieron o redujeron sus frecuencias, incluyendo vuelos desde Canadá, Rusia, Turquía y Europa. Esta situación forzó al régimen cubano a cerrar temporalmente numerosos hoteles, especialmente en zonas turísticas de alta demanda como Varadero, como parte de una estrategia de eficiencia energética.

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El deterioro del turismo también responde a factores internos, como la crisis generalizada del país que afecta la calidad del servicio, y externos, como la negativa de Estados Unidos a emitir visas rápidas para viajeros que hayan visitado previamente Cuba, sumado a la competencia regional de destinos como Cancún y Punta Cana. En un contexto internacional incierto, las autoridades cubanas organizaron recientemente la feria FITCuba en formato virtual, un reflejo de las limitaciones actuales del sector.

Frente a esta situación, el gobierno lanzó paquetes promocionales con tarifas reducidas y ofertas especiales dirigidas a cubanos residentes en el extranjero con la intención de incentivar el turismo nacional, que ahora se considera la única alternativa para animar la actividad económica. Sin embargo, estos esfuerzos difícilmente compensan la disminución significativa de visitantes internacionales.

Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el primer trimestre del año marcó un descenso del 48% en el número de turistas extranjeros respecto al mismo período del año anterior, que ya había registrado cifras críticas. La caída en la ocupación hotelera y la reducción de vuelos internacionales reflejan un escenario complicado para una industria que, desde los años noventa, ha sido vital para la economía cubana por su aporte en divisas y generación de empleo.