Estados Unidos comenzó a desmontar la Ocean Observatories Initiative (OOI), una red de sensores submarinos considerada la infraestructura de monitoreo oceánico continuo más avanzada del mundo. Esta red permitía a científicos recopilar datos en tiempo real sobre variables físicas, químicas, biológicas y geológicas del Atlántico y Pacífico durante una década.

El retiro ya alcanzó más de 900 instrumentos sumergidos situados en cuatro de las cinco áreas operativas de la OOI: el Mar de Irminger, la Estación Papa y las matrices Endurance y Pioneer. El proceso de desmantelamiento se extenderá aproximadamente durante quince meses, dejando operativa únicamente la Red de Cable Regional.

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La OOI, financiada por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, proveía información fundamental para monitorear fenómenos como olas de calor oceánicas, acidificación marina, secuestro de carbono y cambios en ecosistemas de aguas profundas. Además, ayudaba a vigilar la circulación oceánica global, especialmente la Circulación de Retorno del Atlántico Meridional (AMOC), un componente clave para mantener climas templados en Europa y el noreste de Estados Unidos.

El océano juega un papel esencial como regulador del clima, absorbiendo gran parte del calor y el carbono producido por la actividad humana. La circulación termohalina, conocida como la "gran cinta transportadora oceánica", redistribuye el agua y la energía térmica entre hemisferios, influyendo en patrones climáticos globales.

Con la pausa de la OOI, la comunidad científica pierde una de sus herramientas más sólidas para entender el impacto del cambio climático en los océanos y anticipar posibles efectos en el clima global y ecosistemas marinos. La reducción de datos podría limitar la capacidad de respuesta ante eventos de mayor frecuencia e intensidad vinculados al calentamiento oceánico.