Las viviendas situadas en los pisos más altos de los edificios parisinos enfrentan condiciones térmicas extremas que pueden alcanzar temperaturas superiores a los 40 grados, transformándolas en espacios casi imposibles de habitar en verano. Esta realidad afecta principalmente a construcciones antiguas cuyos techos de zinc y ventanas tradicionales no cuentan con el aislamiento necesario frente al aumento de las temperaturas.

Un ejemplo claro es el apartamento de Dahlia en el distrito 11, que durante las noches mantiene una temperatura mínima cercana a los 27 grados, aún sin llegar al descanso confortable. La imposibilidad de instalar contraventanas, debido a la configuración arquitectónica del edificio del siglo XIX, obliga a la propietaria a emplear soluciones temporales como mantas reflectantes para contener el calor. Esta situación evidencia la necesidad urgente de un aislamiento termoacústico eficiente en estas viviendas.

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Los edificios bajo cubierta, muchos diseñados en los siglos XIX y XX, presentan diferencias notorias en el confort térmico entre sus pisos inferiores y superiores. Los niveles más altos suelen sufrir más la exposición directa al sol por su ubicación y el tipo de ventanas instaladas, que en la década de 1970 se ampliaron para mejorar la luz natural pero agravaron los problemas térmicos. Según expertos del urbanismo, estas construcciones carecen de soluciones integrales para mitigar el calor, y las renovaciones se encuentran trabadas en procesos administrativos lentos y costosos.

El proceso de mejora en estos inmuebles requiere diagnósticos globales de rendimiento energético, selección de proveedores y acceso a subsidios, lo que prolonga la ejecución de las obras por años. En el caso de Dahlia, el plan de rehabilitación aún no ha empezado y podría concretarse en un plazo cercano a 2027.

Por otro lado, la Fundación para la Vivienda ha denunciado ante instancias judiciales la falta de ambición en las políticas nacionales para enfrentar el impacto del cambio climático sobre la habitabilidad, especialmente en viviendas vulnerables. Las olas de calor, que se prevé serán más frecuentes e intensas, multiplican riesgos sanitarios para quienes viven en estos departamentos, según informes de salud pública.