Investigadores de la Universidad de Toronto y del Centro de Investigación del Cáncer (CSIC-Universidad de Salamanca-FICUS) identificaron un factor clave en la transformación de una célula en cancerígena: la duración del ciclo celular. Según su estudio publicado en la revista Nature, no basta con la presencia de mutaciones peligrosas, sino que el tiempo que tarda una célula en dividirse condiciona que esas alteraciones genéticas deriven o no en cáncer.

El trabajo definió un “reloj oculto” que diferencia dos comportamientos celulares. Las células con ciclos cortos, es decir que se replican rápidamente, son más propensas a desarrollar tumores. En cambio, las que experimentan divisiones más lentas resisten la transformación cancerígena pese a contar con mutaciones a priori tumorales. Esta relación se observó en diversos tipos de tumores analizados, lo que refuerza su validez como mecanismo general.

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Este descubrimiento tiene implicancias clínicas importantes. Modificar farmacológicamente la duración del ciclo celular en pacientes con alto riesgo, como quienes tienen antecedentes hereditarios o hábitos dañinos, podría prevenir la aparición de cáncer sin afectar a las células sanas. La pesquisa abre nuevas líneas para terapias preventivas que actúen sobre el tiempo de división celular, una estrategia innovadora frente a enfoques tradicionales centrados en intervenir solo después del desarrollo tumoral.

La investigación también aporta una explicación a un enigma que desconcertaba a la comunidad científica: por qué muchas personas acumulan mutaciones consideradas cancerígenas pero no desarrollan la enfermedad. Este aspecto refuerza el concepto de que la biología del cáncer depende de múltiples factores y no solo de las alteraciones genéticas.

En resumen, controlar el ritmo del ciclo celular podría ser una pieza clave para impedir la formación de tumores desde etapas tempranas, con un impacto directo en la prevención y la reducción de la incidencia de varios tipos de cáncer.