La fragmentación dentro del peronismo emerge como un factor clave que impulsa políticamente a Javier Milei, pese a la compleja situación económica que atraviesa el Gobierno. La disputa abierta en el sector por la candidatura presidencial y las tensiones internas dinamizan el escenario político y benefician al líder libertario, quien capitaliza esas divisiones para ganar visibilidad pública.
En los últimos días, el peronismo mostró señales de profunda división. Sergio Uñac, exgobernador y actual diputado nacional, anunció que será candidato presidencial, enfrentándose a la intención del cristinismo de imponer a Axel Kicillof como postulante. Esta competencia pone en evidencia la fracture dentro del Frente de Todos y pone en duda la unidad electoral del oficialismo de cara a las próximas elecciones.
El cristinismo, a través de voces como la senadora Teresa García, intenta instalar la idea de un retorno simbólico de Cristina Kirchner al poder, proponiendo que el eventual presidente del PJ actúe como Héctor Cámpora en su momento, representando a la expresidenta en forma indirecta. Esta estrategia genera resistencias y perjudica la figura de Kicillof, facilitando indirectamente el avance de Milei en los sectores opositores y desencantados.
Esta fractura no se limita solo a la lucha por la candidatura. En el Congreso, el peronismo también exhibe divisiones significativas. En el Senado, por ejemplo, 13 de los 25 senadores del bloque oficialista apoyaron la continuidad de un juez de la Corte Suprema vinculado al ministro de Justicia, mientras sólo el sector más duro del cristinismo se opusieron a esa decisión. Esta división en el Poder Legislativo dificulta la gestión y da señales de falta de cohesión interna.
En la Cámara de Diputados, ocurre un fenómeno similar, con debates internos sobre la interpelación a miembros del Gabinete, donde conviven posiciones que prefieren mantener al jefe de Gabinete para no desgastar más al Ejecutivo, frente a quienes apoyan el cuestionamiento. Estos contrastes reflejan una tensión persistente entre buscar estabilidad y responder a la presión política interna.
Por su parte, el Gobierno enfrenta una combinación de alivios coyunturales, como cierta estabilización en las encuestas y la baja de la inflación en abril, pero que no son suficientes ante la escalada en los costos financieros del país, el incremento en los seguros contra el default y la preocupación manifestada por organismos internacionales. En este contexto, Milei realiza una fuerte ofensiva mediática para presentar una imagen de fortalecimiento, aunque los indicadores económicos y financieros desmienten esa percepción.

