El respaldo formal a Rafael Grossi para presidir la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adquirió un matiz contradictorio tras la intervención del canciller Pablo Quirno ante el Consejo de Seguridad. Allí, Quirno defendió la postulación del director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), pero también cuestionó la dinámica interna del organismo, en línea con la visión crítica del gobierno libertario.

En un escenario global complejo, el canciller argentino aprovechó su viaje a Nueva York para reunirse con contrapartes estratégicas, entre ellas las de Indonesia y China, países determinantes en la votación que definirá al próximo secretario general de la ONU. Sin embargo, la ausencia de figuras clave de la diplomacia argentina en la delegación y el historial reciente de votaciones de Argentina en la Asamblea General generaron inquietud entre bloques que suelen ser decisivos en ese proceso.

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La candidatura de Grossi, considerado una figura técnica con experiencia directa en zonas de conflicto nuclear como Zaporiyia e Irán, ha recibido apoyos internacionales por su perfil autónomo y operativo. Su propuesta de liderazgo, centrada en resultados concretos y en renovar el multilateralismo, ha sido promovida con énfasis por el gobierno de Milei, que formalizó su respaldo durante un acto reciente promovido por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Al mismo tiempo, el estilo diplomático y las decisiones políticas del Ejecutivo libertario han generado tensiones dentro de la comunidad internacional. Votaciones controvertidas y posturas cuestionadas en foros multilaterales ponen en duda la capacidad de Argentina para articular consensos en la contienda electoral que enfrentará a Grossi con otros candidatos cuando António Guterres deje el cargo a fin de año.

El perfil de Grossi, reconocido como una de las personas más influyentes del mundo por la revista TIME, se ha construido sobre la base de su gestión técnica en el terreno y su independencia de la diplomacia tradicional. Sin embargo, la imagen de un gobierno con una política exterior errática complica la consolidación de apoyos determinantes y amplía la incertidumbre sobre el futuro del candidato al máximo puesto diplomático global.