La expulsión de Antonio Ubaldo Rattín en el partido de cuartos de final del Mundial de 1966 contra Inglaterra dejó una huella imborrable en la historia del fútbol argentino. En un encuentro disputado en Wembley, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein sancionó la salida del capitán nacional por un supuesto insulto que Rattín negó, ya que no hablaba alemán y no hubo comunicación clara entre ambos. Este episodio generó gran controversia y es considerado uno de los detonantes para la creación de las tarjetas amarilla y roja, con el fin de evitar malentendidos entre árbitros y jugadores.

Rattín, que había surgido en Boca Juniors y se había coronado como «el alma de Boca» gracias a su liderazgo y desempeño en el mediocampo, protestó la decisión y se tomó su tiempo para abandonar la cancha, sentándose incluso sobre la alfombra roja del palco real en señal de frustración. Durante su recorrido hacia el vestuario, vivió una reacción peculiar de los hinchas ingleses, quienes le arrojaron chocolates. El futbolista, desconociendo esa golosina, los probó y luego los devolvió. Antes de salir del campo, Rattín retorció una bandera británica y le dedicó una fuerte expresión a la tribuna local, gesto que simbolizó el inicio de una rivalidad que trascendió lo deportivo.

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Además de su carrera en Boca Juniors, donde disputó más de 350 partidos y ganó cinco campeonatos, Rattín representó a Argentina en los Mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966. Sin embargo, esa expulsión en Wembley eclipsó otros hitos y marcó un antes y un después. El enfrentamiento no solo quedó en la cancha: el entrenador inglés Alf Ramsey se negó a intercambiar camisetas con Argentina y calificó al equipo como «animales», aumentando la tensión entre ambas selecciones.

Esta rivalidad se profundizó con el paso de los años hasta convertirse en un símbolo de la historia deportiva y política entre ambos países, con sucesos como la Guerra de Malvinas y el partido de cuartos de final de México 1986, donde Diego Maradona apeló a la memoria de ese conflicto para motivar a sus compañeros. La acción de Rattín en 1966 permanece en la memoria colectiva como el primer capítulo de una enemistad que aún hoy mantiene su relevancia.