Ante la creciente erosión del poder adquisitivo causada por la inflación, los profesionales porteños están dejando atrás las cuentas de ahorro tradicionales para apostar por estrategias financieras centradas en la construcción de patrimonio a largo plazo. La liquidez inmediata ya no basta para garantizar un retiro cómodo, por lo que la atención se concentra en herramientas que permiten aprovechar el interés compuesto.
Las alternativas más valoradas incluyen los Fondos Comunes de Inversión (FCI), que ofrecen diversas modalidades según el perfil del inversor, y combinan instrumentos como CEDEARs y bonos corporativos en dólares para cubrir riesgos cambiarios. Estos vehículos permiten administrar ahorros con mayor rentabilidad que las cuentas remuneradas, las cuales en general solo igualan la inflación en plazos cortos.
Además, los depósitos a plazo fijo continúan siendo una opción válida como fondo de emergencia o para periodos breves, pero no se consideran adecuados para la acumulación de capital a largo plazo. La banca premium, representada por entidades como Banco Santander, también impulsa el ahorro sistemático mediante plataformas digitales que automatizan la inversión en fondos mixtos y acciones internacionales, facilitando la disciplina y accesibilidad.
La clave para un plan de retiro exitoso en la Ciudad de Buenos Aires radica en separar claramente los recursos para gastos diarios de los destinados a la acumulación financiera, junto con una estrategia constante y previsible que aproveche el efecto del interés compuesto a lo largo del tiempo. Así, se busca generar un respaldo sólido frente a la inflación y la volatilidad del mercado, sin depender de movimientos especulativos.