Cédric Jubillar admitió su implicación en la muerte de Delphine Jubillar a través de una carta manuscrita enviada a sus abogados, que llegó con retraso. En el texto, el acusado se mostró dispuesto a colaborar plenamente con la justicia, aunque evitó utilizar el término "asesinato", un matiz que sus defensores intentan redirigir hacia una calificación de homicidio sin intención.
Según la confesión, la relación entre Cédric y Delphine se había deteriorado y durante una discusión esa noche, la situación se agravó hasta llegar al fatal desenlace. El abogado de la defensa explicó que Cédric reconoció haber provocado la muerte de su esposa y luego trasladado su cuerpo para proteger a sus hijos. Aseguró que, en el momento de tomar esa decisión, pensó en el bienestar de sus hijos y actuó de forma inmediata.
El cuerpo fue movido en un vehículo ahora clave en la investigación, aunque Jubillar reservó los detalles del destino final para declararlos ante los magistrados. Los abogados sostienen que esta confesión responde a una necesidad interna del acusado de liberar su conciencia, algo que hasta ahora le había resultado imposible debido a la fuerte presión mediática y judicial. La defensa revela que Cédric nunca había podido expresar su verdad públicamente hasta este momento.
El plan inicial era iniciar el juicio de apelación en septiembre, pero tras la aparición de esta confesión, este cronograma parece inviable. El caso expone nuevas complejidades en la investigación, abriendo interrogantes sobre la recalificación del delito y la dirección que tomará el proceso legal.