Las fuerzas armadas de Ucrania realizaron un ataque exitoso contra el aeródromo militar de Gvardéiskoye, una base estratégica para la aviación táctica y naval rusa en Crimea, región anexionada por Moscú en 2014. Este golpe forma parte de una intensificación en los ataques de largo alcance que Kiev lleva adelante para debilitar la capacidad logística y de combate rusa en la península.
El Estado Mayor General de Ucrania informó que las instalaciones bombardeadas en Crimea son utilizadas por el ejército ruso para mantenimiento técnico, soporte logístico y lanzamiento de misiones aéreas. Al mismo tiempo, durante la madrugada, las fuerzas ucranianas atacaron y destruyeron puentes clave sobre los ríos Hruzkyi Yalanchyk y Kalmius en la provincia de Donetsk, infraestructura fundamental para el desplazamiento de tropas y armamento hacia el frente de combate. Además, fueron destruidos tres depósitos de municiones en las regiones de Donetsk, Lugansk y Kherson.
El ataque también provocó víctimas civiles; autoridades designadas por el Kremlin confirmaron la muerte de una persona en el norte de Crimea, junto a otras dos heridas, una de ellas en estado grave, debido a las incursiones aéreas de Ucrania con drones. Este tipo de operaciones se ha convertido en un componente central de la guerra de desgaste que mantiene Kiev contra las fuerzas rusas, buscando aislar la península estratégica.
Por su parte, el Ministerio de Defensa ruso reportó la interceptación de 71 drones ucranianos de ala fija en las regiones de Bélgorod, Briansk, Rostov, Crimea y el Mar Negro. Aunque la intensidad de los ataques fue menor que en el día anterior, cuando se reportaron casi 400 drones derribados, el conflicto aéreo continúa siendo activo y con gran movilidad por ambas partes.
En contrapartida, la Fuerza Aérea de Ucrania anunció haber derribado 112 drones de ataque rusos y tres misiles guiados Kh-59/69. Los ataques rusos, lanzados desde Crimea y zonas fronterizas, causaron daños en tres puntos del territorio ucraniano e incluyeron el uso de misiles aire-tierra Kh-31 desde el Mar Negro, los cuales no lograron su objetivo principal.
Estos movimientos ocurren en un contexto de intensas conversaciones al más alto nivel entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos. Las comunicaciones entre los líderes de Kiev y Washington buscan avanzar en una solución diplomática para una guerra que ya supera los cuatro años de duración y que sigue generando altos costos militares y humanos en la región.