Taty Almeida murió a los 95 años mientras estaba internada en el Hospital Italiano, según confirmaron familiares y allegados. Destacada integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, su fallecimiento generó profunda conmoción en organismos de derechos humanos, dirigentes políticos y organizaciones sociales de todo el país.
Su lucha comenzó tras la desaparición de su hijo Alejandro Martín Almeida, secuestrado en 1975 por la organización parapolicial Triple A durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Fue en ese momento cuando adoptó un rol activo en la defensa de los derechos humanos, integrando primero Madres de Plaza de Mayo y luego, tras divisiones internas, convirtiéndose en una de las voces más resaltantes de la Línea Fundadora.
Reconocida por su compromiso con la democracia y la justicia, Almeida trascendió las fronteras políticas y mantuvo una coherencia férrea a lo largo de su activismo. Su frase más emblemática —«La única lucha que se pierde es la que se abandona»— reflejó la perseverancia que mantuvo en todos los actos, marchas y encuentros en defensa de la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.
Su legado, marcado por una amplia capacidad de convocatoria y un compromiso permanente, continúa siendo un referente para nuevas generaciones comprometidas con la defensa de los derechos humanos en Argentina.

