Una unidad especial del Hospital Nuestra Señora del Carmen dedica más de una década a tratar la fibromialgia, una enfermedad que genera dolor generalizado y afecta diversos aspectos de la vida. El equipo multidisciplinario combina terapias cognitivas, físicas y nutricionales para abordar esta patología desde distintos ángulos.
Entre sus estrategias destacan los tratamientos no farmacológicos, que incluyen terapia cognitivo-conductual, kinesiología, terapia ocupacional, educación física y fonoaudiología. La finalidad es brindar a las pacientes herramientas para comprender y manejar sus síntomas, incrementando su autonomía y mejorando su bienestar general.
El equipo de profesionales también promueve la psicoeducación como base para que las personas con fibromialgia aprendan a identificar sus crisis de dolor y a utilizar la medicación según sus particularidades, en un modelo de medicina de precisión. Este enfoque reconoce que cada paciente atraviesa una evolución distinta y requiere adaptaciones personalizadas en el tratamiento.
Además de la atención clínica, el hospital impulsa actividades que fortalecen el acompañamiento emocional y social. Recientemente, se llevó a cabo una celebración comunitaria que recreó un cumpleaños con música, juegos y dulces, generando un espacio de contención y compañerismo entre las participantes. Esta iniciativa forma parte del trabajo terapéutico semanal y ayuda a reducir los estigmas históricos vinculados a esta condición.
La fibromialgia se caracteriza por síntomas complejos además del dolor, como alteraciones cognitivas, cansancio persistente y trastornos del sueño. Históricamente, la enfermedad sufrió un largo desconocimiento y cuestionamiento, por la dificultad para medir objetivamente el dolor. Actualmente, existe un consenso más claro para clasificarla y establecer grados de severidad, lo que facilita tratamientos más efectivos y personalizados.
Desde el Sistema de Salud Pública, se subraya la prioridad de acompañar a las mujeres afectadas, garantizando cuidados integrales que contemplan tanto el aspecto físico como el emocional. Este abordaje integral busca mejorar la calidad de vida de quienes conviven con fibromialgia y superar las barreras sociales y sanitarias que la rodearon durante años.