Los narcotraficantes incorporan tecnología avanzada para transportar drogas con drones programados para entregas precisas, una tendencia que comenzó hace más de una década en países como México y Estados Unidos y que ahora cobra mayor presencia en Argentina.

En una reciente reunión con gobernadores del NOA y la ministra de Seguridad de la Nación, el narcotráfico fue eje central, aunque no se abordó la creciente utilización de drones para transportar estupefacientes. Este fenómeno, reconocido por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU, incrementó las incautaciones de drones en múltiples continentes, señalando un desafío global.

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En Argentina, la Policía de Córdoba detectó en noviembre un dron cargado con drogas, que quedó atrapado en cables de alta tensión cerca de la cárcel de Bouwer. Transportaba cocaína y marihuana, presuntamente para abastecer ese penal. Casos anteriores también mostraron intentos de ingresar teléfonos móviles a prisiones mediante drones, lo que derivó en investigaciones y detenciones dentro del Servicio Penitenciario.

En el norte del país, donde tradicionalmente se concentra la producción de cocaína, no existen indicios de que las fuerzas de seguridad estén preparadas para afrontar esta nueva tecnología, a pesar de la creciente amenaza que supone en la cadena de distribución ilegal.

El uso de drones en el narcotráfico cumple tres funciones principales: transportar las drogas, recopilar inteligencia y, en casos extremos como en México, realizar ataques armados. La preocupación por estas prácticas va en aumento debido a la dificultad para controlar estos dispositivos, que pueden volar en áreas alejadas y de difícil acceso.

Además, la transferencia del narcomenudeo a la jurisdicción provincial ha complicado la coordinación entre fuerzas federales y locales para enfrentar estos métodos sofisticados. Las autoridades reclaman más recursos, tecnología y capacitación para rastrear y neutralizar los vuelos ilegales de drones.

Este avance tecnológico en manos del narcotráfico representa un cambio en la modalidad de delito que exige una respuesta adaptada, combinando controles en fronteras, vigilancia aérea y reformas legislativas que contemplen nuevos escenarios del crimen organizado.