El continente europeo atraviesa una temporada de incendios forestales que comenzó antes de lo habitual y se presenta con una intensidad significativa. Los países más afectados en las últimas semanas son España, Francia, Portugal y Grecia, donde las llamas arrasaron miles de hectáreas y forzaron evacuaciones masivas.
España lidera el registro de fuegos con más de 50.000 hectáreas quemadas en los primeros siete meses del año, representando casi el 40 % de la superficie afectada en toda la Unión Europea. Francia no está lejos, con numerosos incendios activos que han obligado a 10.000 personas a abandonar sus hogares y a restringir la asistencia a eventos como el Tour de Francia, que debió continuar sin público.
El avance de la temporada se refleja claramente en la comparación con el año anterior. Entre enero y julio de 2025 se quemaron unas 88.000 hectáreas y ahora la cifra supera las 126.000, lo que confirma una tendencia hacia incendios más frecuentes y severos. Las autoridades alertaron sobre los riesgos asociados a la combinación de combustible vegetal seco, altas temperaturas en aumento y fuertes vientos, factores que favorecen el desarrollo de los focos.
El incendio más crítico se registra en el sur de Francia, en los Pirineos Orientales, donde las llamas consumieron más de 4.600 hectáreas. Este fuego obligó a la evacuación de 26 localidades, involucrando a unas 10.000 personas, y dejó cinco heridos y medio centenar de construcciones afectadas. Equipos de bomberos con apoyo aéreo trabajan para controlar la situación mientras se mantiene el cierre al público en zonas cercanas para garantizar la seguridad.
En España, en junio, se produjo el mes más destructivo del año con cerca de 16.000 hectáreas perdidas. El país ya contabiliza decenas de grandes incendios —definidos por encima de las 500 hectáreas— en diferentes regiones como la Costa Brava, Huelva, Huesca, Córdoba y León, lo que marca un avance acelerado y preocupante respecto a temporadas anteriores.
La Unidad Militar de Emergencias expresó que los actuales elementos atmosféricos y ambientales configuran una campaña especialmente difícil, reiterando la necesidad de reforzar la prevención y la respuesta en los territorios con mayor vulnerabilidad al fuego.