El sector de repartidores que trabajan para plataformas digitales enfrenta un preocupante aumento en su nivel de endeudamiento, una situación que impacta directamente en la estabilidad económica de quienes integran esta fuerza laboral. La problemática se agrava porque estos trabajadores no cuentan con recibos de sueldo formales ni un historial crediticio tradicional, lo que los excluye del acceso a financiamiento bancario convencional.
Como respuesta, dentro de las mismas plataformas surgió un mercado de microcréditos no bancarios que ofrece préstamos para adquirir, mantener o reparar bicicletas y motocicletas, herramientas indispensables para el trabajo. Sin embargo, las tasas de interés de estos préstamos pueden llegar a un 700% anual, generando una dependencia financiera significativa y condiciones que, según el Sindicato de Trabajadores de Repartidores de Aplicaciones (Sitrarepa), se viven como una forma de presión operativa por parte de las multinacionales del sector.
Además, el Banco Central informó que estas aplicaciones construyen un sistema de puntaje alternativo o scoring, basado en factores como la antigüedad del usuario, la tasa de aceptación de pedidos, las calificaciones recibidas y la carga horaria del repartidor. Este puntaje determina la capacidad para acceder a los préstamos y condiciona su actividad laboral. En promedio, la deuda de los repartidores que operan como monotributistas ronda los $900.000, una cifra que refleja la dimensión del problema.
Aun cuando las empresas aseguran que estos créditos buscan ofrecer inclusión financiera a un sector tradicionalmente desatendido, desde los sindicatos alertan que las bajas comisiones por viaje y las extensas jornadas laborales obligan a los repartidores a depender cada vez más de estos préstamos. Lo que se presenta como flexibilidad en el horario se traduce en vulnerabilidad y precarización, con riesgos claros para la estabilidad económica de los trabajadores.