El enfrentamiento entre Portugal y RD Congo durante el Mundial volvió a poner en evidencia el carácter agresivo que ha marcado a la selección lusitana en torneos internacionales. El árbitro adoptó medidas firmes desde el primer contacto fuerte, sancionando a Bernardo Silva y amonestando a dos defensores portugueses hacia el final del encuentro para contener el descontrol dentro del campo.

Este episodio recordó incidentes pasados en los que Portugal protagonizó escenas de violencia poco frecuentes pero contundentes. La famosa “Batalla de Núremberg” en Alemania 2006 es uno de los episodios más emblemáticos, donde el encuentro quedó marcado por un récord de tarjetas, 16 amarillas y 4 rojas, y una agresividad que superó ampliamente lo habitual en Mundiales.

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La trayectoria de la selección lusa está salpicada por múltiples episodios de conducta violenta que han sido registrados desde el Mundial de 1986, incluyendo expulsiones y enfrentamientos con árbitros y jugadores rivales. Un caso particular es la agresión de Pepe en Brasil 2014, cuando le propinó un cabezazo a Thomas Müller sentado en el piso, gesto que reflejó un patrón de conducta que se había iniciado en 2010 con otras agresiones.

El historial previo también incluye incidentes en la Eurocopa 2000 y la eliminación de Inglaterra en 2006, cuando Portugal avanzó pese a sus actitudes polémicas. En años más recientes, como en 2018 y 2022, sus acciones violentas se habían reducido, pero la expulsión de Cristiano Ronaldo en las eliminatorias para este Mundial demostró que la tensión puede reaparecer.

El árbitro Abdulrahman Al-Jassim, con amplia experiencia en dirigir partidos de alto nivel, aplicó las duras sanciones que el contexto requería para evitar un retroceso a episodios como los de hace veinte años. Sin embargo, la presión y la frustración de la selección portuguesa quedaron evidentes, al punto que el choque terminó con un empate que no calmó los ánimos en el vestuario.