La crisis humanitaria en las migraciones continúa cobrando miles de vidas en todo el mundo. Desde 2014, más de 80.000 personas murieron o desaparecieron intentando llegar a destinos como Europa o Estados Unidos. Los trayectos están marcados por riesgos que incluyen desiertos inhóspitos, cruces marítimos peligrosos, presencia de grupos armados y redes de tráfico humano. Solo en 2025, cerca de 8.000 migrantes fallecieron o desaparecieron durante el recorrido, y en lo que va de 2026, al menos 1.000 personas perdieron la vida en el Mediterráneo, de acuerdo con datos de Médicos Sin Fronteras.
Detrás de estas cifras hay historias de familias separadas y sueños truncados por la búsqueda desesperada de un lugar con mejores condiciones de vida. La investigadora Sandra Gil, del Conicet y especialista en migraciones y desigualdades, explicó que las causas de estos movimientos van más allá de los conflictos armados, e incluyen una mezcla compleja de factores económicos, sociales e históricos.
Gil destacó que la tradicional división entre migraciones «económicas» y migraciones por «protección o persecución» deja fuera la realidad de muchas personas que se ven forzadas a migrar por la imposibilidad de sostener sus condiciones materiales. En ese marco, resaltó que la pobreza, la violencia generalizada y el legado de procesos históricos como la colonización juegan un papel fundamental en el origen de estos desplazamientos.
Además, la experta señaló que no solo deben analizarse las condiciones que expelen a las personas, sino también las de los países receptores. En lugares como Europa, sectores como el trabajo doméstico, la agricultura y la construcción dependen en gran medida de la mano de obra migrante, lo que evidencia una demanda laboral que sostiene esas economías. Sin embargo, este escenario se da en contextos donde las desigualdades y precariedades permanecen, y donde la irregularidad migratoria suele utilizarse como argumento para limitar derechos.
La investigación de Gil apunta a la necesidad de una mirada integral sobre las causas y consecuencias de las migraciones, reconociendo la intersección de factores estructurales y la complejidad de los procesos migratorios actuales. Ante esta realidad, se plantea un cuestionamiento esencial sobre la respuesta internacional y la persistente indiferencia frente a esta crisis que sigue generando pérdida humana y fracturas sociales.

