El proyecto de caminatas saludables de la Escuela Integral para Adolescentes y Jóvenes con Discapacidad (Eiajd) N° 1 de Cutral Co se ha consolidado como una herramienta educativa que va más allá del ejercicio físico. Cada viernes, los estudiantes recorren diferentes trayectos que les permiten mejorar su autonomía, conocimiento del entorno y respeto por las normas de tránsito.

La iniciativa, impulsada por los docentes de Educación Física Rocío Gallegos y Rodrigo Cortez, articula estrategias pedagógicas que incluyen la sensibilización ambiental y el desarrollo de habilidades urbanas. Durante las salidas, los jóvenes aprenden a identificar señales de tránsito, cruzar calles de manera segura y ubicarse geográficamente en su localidad.

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Las caminatas tienen distancias variables que oscilan entre 700 metros y más de dos kilómetros, comenzando siempre en el establecimiento escolar y terminando en distintos puntos de referencia locales. Entre estos se destacan la plaza de la Memoria, el espacio verde Ceferino Namucurá, la intersección de 9 de Julio con Av. Schreiber y la pasarela peatonal.

El proyecto asigna roles rotativos a los estudiantes, fomentando la responsabilidad y el trabajo en equipo. Un guía lleva un croquis del recorrido, mientras que dos referentes de tránsito ayudan a regular la marcha con carteles y pecheras reflectivas para garantizar la seguridad del grupo.

Además de la actividad física, los jóvenes participan activamente en charlas informales y exposiciones sobre casas, comercios e instituciones que encuentran en sus recorridos, enriqueciendo su conocimiento del área local y fortaleciendo la orientación espacial.

Gallegos y Cortez remarcaron que esta propuesta inició el año anterior y se replicó durante el ciclo lectivo actual debido a los avances observados en la condición física de los estudiantes y en su capacidad para cumplir con normas viales. Los participantes también se han convertido en referentes para sus compañeros, promoviendo el cuidado del cuerpo y la seguridad grupal.

Esta experiencia demuestra cómo la educación inclusiva puede trascender las aulas y fomentar la independencia de adolescentes y jóvenes con discapacidad, al mismo tiempo que se refuerzan valores de cuidado ambiental y convivencia urbana.