La presión económica afecta a casi la totalidad de la población argentina, obligando a las familias a redefinir sus prioridades de gasto. Según un relevamiento realizado a nivel nacional, el 92% de los argentinos experimenta algún tipo de dificultad para cubrir sus gastos habituales, lo que refleja una tensión creciente en la capacidad de compra y pago de compromisos financieros.

En este contexto, los hogares protegen principalmente los pagos esenciales para la subsistencia: alimentos, servicios públicos y las deudas de tarjetas de crédito se muestran como las prioridades para sostener el consumo y la vida cotidiana. Mientras tanto, gastos como el alquiler, los créditos personales y los seguros son los primeros en ser postergados.

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El informe elaborado por D’Alessio IROL, a través del Radar de Fragilidad Financiera y Riesgo de Mora, ordena los gastos en tres niveles: primero, los vinculados a necesidades básicas y servicios; segundo, las tarjetas de crédito, que para muchos funcionan como un sostén del consumo; y finalmente, gastos que pueden diferirse en el corto plazo, como seguros o préstamos no hipotecarios.

También se detectaron diferencias marcadas según el perfil demográfico. Las mujeres muestran un mayor compromiso en la gestión económica diaria, priorizando el pago de tarjetas en un porcentaje superior al de los hombres. Además, los jóvenes sufren más el impacto económico, con un 96% que reporta dificultades frente al 89% de los mayores de 55 años. Este grupo depende en mayor medida del crédito para mantener su nivel de consumo, mientras que los mayores adoptan estrategias financieras más conservadoras y con menor uso de tarjetas.

El estudio evidencia no sólo un alto nivel de fragilidad financiera generalizada, sino también una brecha creciente entre quienes aún cuentan con mecanismos para afrontar imprevistos y quienes ya han agotado sus recursos. Esto afecta directamente la salud económica de las familias y la dinámica del consumo en el país.