La planta de la empresa química Cabot en Campana cesó sus operaciones de manera definitiva, lo que pone en peligro unos 150 puestos de trabajo, entre empleados directos y tercerizados. La decisión fue comunicada oficialmente a los sindicatos y generó una inmediata reacción gremial, que ya organiza medidas de protesta y busca la apertura de negociaciones con el Ministerio de Trabajo de Buenos Aires.

Cabot, multinacional estadounidense, había inaugurado esta planta en 1962 como la primera en Latinoamérica dedicada a la producción de negro de humo, un componente clave para la fabricación de neumáticos, caucho y plásticos. A lo largo de seis décadas, la fábrica amplió significativamente su capacidad productiva hasta convertirse en la única proveedora nacional del insumo, abasteciendo principalmente con materia prima de origen local, como aceite decantado de YPF y gas natural.

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El impacto del cierre va más allá de los trabajadores directos. Según el Sindicato de Trabajadores del Negro de Humo (SUTNH), de los afectados, 90 son empleados de planta y otros 60 corresponden a personal tercerizado en vigilancia, comedor, mantenimiento y servicios generales. El gremio ya confirmó que convocará a una audiencia para buscar alternativas que eviten la pérdida de empleo.

Este cierre se suma a una serie de dificultades que atraviesan varias empresas del corredor industrial Zárate-Campana, un histórico polo fabríl y logístico, que en los últimos meses ha visto suspensiones, retiros voluntarios y suspensiones en compañías como Archroma, Alpek Polyester, Clariant y Barcan. Asimismo, la problemática se extiende a otros sectores industriales cercanos, como la metalúrgica y química, además de la planta de neumáticos Fate en San Fernando.

Durante años, Cabot impulsó proyectos para mejorar la eficiencia operativa y el autoabastecimiento energético, lo que hacía prever un futuro estable para la planta. Sin embargo, el cierre implica un retroceso para una ciudad y una región con fuerte desarrollo industrial, donde conviven grandes empresas siderúrgicas y petroquímicas.

La pérdida de esta fábrica afecta no solo a la comunidad laboral sino también a la cadena productiva nacional, ya que la planta estaba integrada a un sistema que utilizaba insumos locales y aportaba a la producción nacional de neumáticos y materiales derivados del caucho.