Desde diciembre de 2023, más de 24 mil empresas desaparecieron del mapa económico argentino, con un promedio de 930 firmas que cierran cada mes, lo que equivale a más de una empresa por hora. Esta dinámica representa la gestión con mayor destrucción empresarial registrada desde 1996, superando incluso el impacto de la pandemia y la crisis de 2002.
El golpe más fuerte se da en las pequeñas y medianas empresas (pymes), que representan más del 99% de los cierres. Sectores como transporte y almacenamiento, comercio y reparación de vehículos, actividades inmobiliarias, industria manufacturera y construcción concentran la mayor pérdida de firmas. Dentro de la industria, las cadenas productivas de cuero, calzado, madera e indumentaria sufren caídas de hasta el 19% en la cantidad de empresas.
En cuanto a la distribución geográfica, la provincia de Buenos Aires lidera en números absolutos la reducción de empresas, seguida por Córdoba y Santa Fe. Sin embargo, en términos relativos, La Rioja, Catamarca y Chaco presentan las mayores pérdidas proporcionales. La excepción es Neuquén, donde la expansión está vinculada a la explotación de Vaca Muerta, un enclave extractivo que concentra la actividad económica positiva.
Los motivos detrás de estos cierres se relacionan con un conjunto de factores económicos: las altas tasas de interés reales durante buena parte de la gestión asfixiaron el capital de trabajo; el tipo de cambio retrasado hizo más barato importar, afectando la producción local; los salarios en descenso redujeron la demanda interna; y la paralización de la obra pública impactó negativamente en toda la cadena de la construcción.
Este modelo privilegia el desarrollo de enclaves extractivos, limitando la expansión y sostenibilidad de otras ramas productivas que generan empleo y aportan impuestos. Según la Encuesta de la Industria Manufacturera del INDEC, más de la mitad de los industriales identifica la demanda interna insuficiente como el principal obstáculo para aumentar la producción, superando por mucho el peso de la competencia de productos importados.
La industria trabaja con su capacidad instalada en torno al 55%, el nivel más bajo en más de dos décadas. Además, la morosidad empresarial ha crecido aún cuando las tasas reales se redujeron, alcanzando un 3,1% en marzo de 2026, más del triple que un año antes, según datos del Banco Central. Esta dificultad en el acceso al crédito limita la posibilidad de inversión y recuperación para las pymes.

