Las canchas de los Mundiales solían ser no solo el epicentro del fútbol, sino también la pasarela de peinados inesperados, audaces y memorables que reflejaban la personalidad de sus protagonistas. Sin embargo, en los últimos torneos, esas excentricidades han dado paso a estilos más cotidianos y sobrios, casi desaparecidas las apuestas capilares vibrantes que alguna vez marcaron tendencia.
Ejemplos emblemáticos como Antoine Griezmann y Paul Pogba, quienes con frecuencia sorprendían con colores y cortes llamativos, parecían mantener viva esa tradición francesa de innovar en la estética durante el torneo. Esta costumbre, más generalizada en otras épocas, ahora se observa con menos frecuencia, y los jugadores prefieren presentarse con peinados clásicos y menos arriesgados, aunque ocasionalmente surgen breves destellos, como el corte “salmonete 2.0” que Roberto Alvarado estrenó en el partido inaugural entre México y Sudáfrica.
Aunque la cancha actual apuesta al minimalismo, el recuerdo de peinados extravagantes sigue siendo parte del folklore mundialista. Personalidades como Chris Waddle, que popularizó el salmonete a finales de los años 80 y principios de los 90, o Roberto Baggio, que durante el Mundial de Estados Unidos 1994 presentó un estilo mitad salmonete, mitad cola de caballo, dejaron imágenes imborrables a pesar de sus dramas deportivos. Carlos Valderrama, sin ser excéntrico en el sentido tradicional por su cabello rubio, convirtió su melena en un símbolo icónico del fútbol colombiano y mundial. Otro caso memorable es Taribo West, quien en el Mundial de 1998 lució un colorido y voluminoso peinado que resaltaba junto al uniforme de Nigeria.
David Beckham, también famoso por su evolución estética dentro y fuera del campo, ha sido testimonio del paso de épocas donde la moda capilar se convirtió en una parte del espectáculo futbolístico. Aunque hoy reina un estilo más neutro, estos peinados quedaron grabados en la historia y en la memoria colectiva de los aficionados.