El gobierno ruso informó que llevará a cabo nuevas acciones militares en Ucrania, centradas en objetivos vinculados al complejo militar-industrial y centros de mando. Esta decisión se tomó tras varios ataques con drones que, según Moscú, provocaron víctimas civiles en territorios bajo su control.

El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso notificó a Estados Unidos la estrategia militar, luego de que el canciller Serguéi Lavrov conversara vía telefónica con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Durante la comunicación, Moscú expuso su postura sobre recientes ofensivas atribuidas a las fuerzas ucranianas, que habrían causado muertes y heridas graves en poblaciones civiles.

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Entre los incidentes denunciados figura un ataque con drones en una residencia estudiantil de Starobelsk, región de Lugansk, que dejó 21 muertos y más de 60 heridos, y que Rusia calificó como un acto de terrorismo. Además, reportaron la muerte de tres civiles en Bélgorod, Briansk y Donetsk, en ataques que también involucraron víctimas indirectas, como un bombero herido en Briansk y daños en estaciones de servicio.

En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado durante la última noche 173 drones ucranianos sobre varias regiones rusas y Crimea. La Cancillería de Rusia emitió una advertencia para que ciudadanos extranjeros y personal diplomático abandonen Kiev lo antes posible, anticipando operaciones que afectarán la infraestructura militar ucraniana, especialmente los centros de fabricación de drones y las bases de comando.

Las autoridades rusas mantienen que sus ataques se dirigen exclusivamente a objetivos militares, aunque Ucrania y sus aliados occidentales cuestionan esta versión y denuncian bombardeos sobre zonas civiles. La escalada surge en medio de intensos intercambios de acusaciones mientras prosiguen las gestiones diplomáticas internacionales en busca de una solución al conflicto iniciado en 2022.