La medición oficial de la clase media en Argentina presenta un concepto cada vez menos representativo de la realidad social. Un hogar de cuatro integrantes debe contar con un ingreso mensual mínimo de aproximadamente dos millones y medio de pesos para entrar en esa categoría, según datos recientes del instituto de estadísticas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pero la cifra oculta diferencias cruciales que afectan la calidad de vida de las familias.
Una primera distorsión radica en que el cálculo oficial asume que el hogar es propietario de la vivienda. Esto excluye los gastos por alquiler, que consumen entre el treinta y el cuarenta por ciento del ingreso en millones de hogares argentinos. Así, una familia que gana tres millones de pesos y destina ochocientos mil a alquiler se considera dentro de la clase media, aunque su capacidad de ahorro y estabilidad sea limitada. En cambio, un empleado que percibe un ingreso menor pero es dueño de su casa puede manejar sus finanzas con mayor libertad y ahorrar mensualmente.
Además, la clase media abarca una franja económica tan amplia que agrupa realidades muy distintas. Entre el límite inferior y superior de ingresos hay una diferencia mayor a tres veces, lo que suma desde aquellos con capacidad de viajar al exterior dos veces por año hasta quienes apenas logran juntar para vacaciones sencillas. Las consultoras privadas que analizan el consumo segmentan esta clase en al menos tres niveles diferentes, con patrones de gasto que apenas se parecen.
Un informe subraya que solo un tercio de las familias argentinas logra ahorrar mensualmente. El verdadero divisor dentro de la clase media es, por tanto, la combinación de la propiedad de la vivienda y la capacidad de generar excedentes económicos al final de cada mes. En este contexto, el ingreso actúa como un requisito necesario pero no suficiente para definir el bienestar.
Con un dólar oficial estable en torno a 1.500 pesos, quienes pueden ahorrar ven multiplicado su poder de compra en moneda extranjera, acceden con mayor facilidad a viajes y bienes importados, y disfrutan de opciones financieras más flexibles. En cambio, la mitad de los hogares que alquilan y apenas llegan a fin de mes quedan fuera de ese "paraíso" y observan esa realidad desde la marginalidad dentro de la misma categoría oficial.