El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) fue incluida en un análisis global que por primera vez representa con detalle cómo las megaciudades intensifican el efecto de isla de calor urbano. Este fenómeno ocurre cuando los materiales propios de las ciudades, como el asfalto y el cemento, retienen más calor que el entorno natural, elevando la temperatura local, especialmente en verano.

La investigación, publicada en la revista npj Urban Sustainability y realizada por científicos del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA-CONICET) y el Instituto Franco-Argentino de Estudios sobre el Clima y sus Impactos (IFAECI), utilizó modelos climáticos regionales del proyecto CORDEX para detectar estas áreas en una resolución que permite identificar patrones urbanos en 41 grandes ciudades alrededor del mundo.

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Estos modelos lograron mapear la distribución del calor dentro de las ciudades, evidenciando cómo el diseño urbano, la densidad poblacional y la desigualdad territorial amplifican las temperaturas extremas de forma desigual entre barrios. En concreto, el AMBA mostró un aumento significativo de temperatura en verano debido a esta acumulación de calor, que afecta tanto la calidad de vida como la salud pública.

Según datos de Naciones Unidas, más de la mitad de la población mundial reside en zonas urbanas, con proyecciones que estiman que esta cifra llegue al 70% para mediados de siglo. En Argentina, esta concentración es aún mayor, ya que el 91% de la población vive en ciudades. Por lo tanto, comprender cómo evoluciona la isla de calor es crucial para aplicar políticas urbanas que mitiguen sus efectos.

El estudio resalta que, históricamente, los modelos climáticos globales omitían a las ciudades por ser áreas pequeñas a escala planetaria, limitando el análisis preciso de este fenómeno. Con este nuevo enfoque, se puede observar con claridad cómo las estructuras urbanas modifican el clima local, aportando datos esenciales para planificadores y autoridades.

Este avance abre la puerta para abordar el impacto del cambio climático en las zonas urbanas, ya que las ciudades experimentarán con mayor intensidad las variaciones térmicas, lo que demanda una mirada urgente a la salud pública, la infraestructura y las estrategias de adaptación para un ambiente habitable.