La discordia entre Luis Petri y Victoria Villarruel, ambos figuras centrales de La Libertad Avanza, escaló con un nuevo cruce público y la presentación de una querella judicial. Petri denunció que Villarruel busca impedir que hable sobre ella a través de una demanda por calumnias e injurias, luego de que una denuncia previa presentada por la vicepresidenta fuera desestimada por la Justicia.

La denuncia inicial de Villarruel había caído en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N°2, donde el juez Sebastián Ramos consideró que las declaraciones de Petri no configuraban un delito de acción pública. Frente a esta decisión, Villarruel presentó una querella civil que amenaza con profundizar la confrontación. Petri denunció públicamente esta maniobra como un intento de censura legal y la compartió en su cuenta de X, donde el presidente también retuiteó el mensaje, lo que visibilizó aún más el conflicto dentro del Gobierno.

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Las diferencias entre ambas figuras del oficialismo vienen de varios meses atrás y reflejan una fractura creciente dentro de La Libertad Avanza. El inicio de la disputa se dio luego de que Petri afirmara que Villarruel no estuvo a la altura en un acto oficial, una crítica que resonó también por el distanciamiento visible durante esa jornada, cuando las cámaras apenas enfocaron a la vicepresidenta. Además, Petri cuestionó la decisión de Villarruel de habilitar sesiones en el Senado que permitieron a la oposición avanzar con proyectos considerados perjudiciales para el equilibrio fiscal.

Este episodio forma parte de un entramado de desencuentros también relacionado con Javier Milei, líder del espacio y excompañero de fórmula de Villarruel. La vicepresidenta fue señalada por permitir la discusión de proyectos que el oficialismo buscaba frenar, como el aumento jubilatorio y emergencias en discapacidad, provocando malestar en la bancada. Además, su apoyo a incrementos en las dietas de senadores chocó con la narrativa libertaria, sumando motivos a las críticas internas.

El cruce judicial y político evidencia el desgaste en la relación entre Villarruel y los dirigentes de La Libertad Avanza, y pone en evidencia las tensiones que atraviesan al Gobierno libertario en materia institucional y política.