El gobierno federal de Estados Unidos adoptó un nuevo mecanismo para supervisar los modelos avanzados de inteligencia artificial con la firma de una orden ejecutiva por parte de Donald Trump. Esta medida busca que las compañías desarrolladoras compartan sus modelos con agencias gubernamentales antes de hacerlos públicos, con el objetivo de garantizar la seguridad cibernética, sobre todo en infraestructuras críticas.
La norma establece un marco voluntario mediante el cual las empresas tendrán la posibilidad, pero no la obligación, de mostrar sus sistemas de inteligencia artificial al Estado hasta un mes antes del lanzamiento. Esto incluye protecciones para preservar la confidencialidad de la información que compartan. Además, instruye a agencias federales para desarrollar capacidades de defensa digital destinadas a prevenir riesgos que puedan afectar servicios esenciales del país.
La iniciativa reconoce que el éxito de la industria estadounidense en IA ha dependido en parte de evitar regulaciones excesivas que limiten la innovación, pero al mismo tiempo toma en cuenta los peligros derivados de las potentes funciones que pueden tener estos modelos. Así, la orden matiza esa política con un llamado a una supervisión cuidadosa de la tecnología emergente.
Este movimiento sucede tras un aplazamiento previo en el que Trump suspendió la firma de una orden similar, atendiendo preocupaciones de competencia internacional, especialmente con China. A diferencia de aquella propuesta original, que sugería un período de revisión entre dos semanas y tres meses antes del lanzamiento, la versión vigente reduce ese lapso a 30 días y otorga mayor flexibilidad a las empresas.
El sector privado ya mostró cierta cooperación. Empresas líderes como Google, Microsoft y xAI acordaron compartir sus modelos con el Centro de Estándares e Innovación de IA (CAISI) del Departamento de Comercio. De hecho, OpenAI y Anthropic habían iniciado esta práctica durante la administración de Joe Biden para fortalecer las salvaguardas de esta tecnología.
La orden también parece responder a incidentes recientes en el mundo de la IA, como el lanzamiento parcial del modelo Mythos de Anthropic, que reveló vulnerabilidades graves en diversos sistemas operativos y navegadores. Esta situación abrió espacios para retomar el diálogo entre el gobierno y compañías que enfrentaban disputas legales por el uso de inteligencia artificial en áreas sensibles, como armamento autónomo y vigilancia.
En síntesis, la acción de Trump refleja una mayor disposición gubernamental para supervisar la evolución de la inteligencia artificial, aunque sin imponer licencias o autorizaciones previas que puedan frenar el desarrollo tecnológico.

