Un tribunal en La Haya sentenció a 26 años de prisión a Rafik A., un excomandante de la milicia siria que cometió torturas y violaciones contra detenidos durante el conflicto interno en Siria. El acusado dirigió en 2013 y 2014 la unidad de interrogatorios de la Fuerza de Defensa Nacional (NDF) en Salamiyah, una facción paramilitar que reprimió con extrema crueldad a los opositores del régimen de Bashar al-Assad.
La condena se basa en 19 cargos por crímenes de lesa humanidad, cometidos contra ocho víctimas, entre los que se destacan torturas físicas graves, abusos sexuales múltiples y una violación. El tribunal detalló que las víctimas eran mantenidas esposadas y vendadas, golpeadas con objetos, sometidas a electroshocks, colgadas boca abajo, encajonadas dentro de neumáticos y forzadas a la desnudez durante sus tormentos.
El proceso judicial marca un hito en los Países Bajos al ser la primera condena que incluye la violencia sexual como crimen de lesa humanidad en este país. Rafik A. llegó a Holanda en 2021 y obtuvo asilo temporal antes de ser detenido tras una denuncia. Durante el juicio, negó las acusaciones y sus abogados argumentaron que también fue víctima de tortura dentro de las milicias y que padece síndrome de estrés postraumático.
Este caso forma parte de un conjunto de procesos en Europa que emplean la jurisdicción universal, una herramienta legal que permite juzgar delitos graves cometidos fuera del territorio nacional, como los crímenes registrados durante la guerra civil siria.
Diversos países europeos como Francia, Alemania, Suecia, Bélgica y Austria han abierto investigaciones similares contra sospechosos vinculados a hechos de violencia extrema y crímenes de guerra ocurridos en Siria.

