El doble sismo de magnitud 7,2 y 7,5 que azotó el norte de Venezuela dejó a los habitantes del estado costero de La Guaira en una situación crítica, donde la infraestructura colapsó y la vida cotidiana quedó paralizada. Seis días después del desastre, los sobrevivientes describen una ciudad inhabitable, sin acceso a servicios básicos como agua, energía, hospitales ni comercios.

Los esfuerzos de rescate continúan tanto por equipos nacionales como internacionales, que trabajan en la búsqueda de personas atrapadas entre los escombros. Sin embargo, varios residentes han denunciado retrasos en la llegada de ayuda a sus comunidades, generando incertidumbre sobre cómo se abordará la emergencia en el corto plazo. El último reporte oficial confirmó un número elevado de víctimas fatales, que supera el millar.

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Entre los afectados, Francis Martín, una joven de 24 años, logró salir con vida junto a su madre tras la caída del edificio donde vivían en La Llanada, una de las localidades más golpeadas. Ambas permanecen alojadas en un hotel que les brindó apoyo, pero Francis subrayó la gravedad de la situación: la ciudad está destrozada y no ofrece condiciones mínimas para habitar. Aunque el edificio de su familia podría repararse, señaló que eso no soluciona el colapso total del entorno urbano ni el desarraigo que sufren los habitantes.

En Caraballeda, otra zona severamente afectada, Kisadia, de 52 años, sobrevivió gracias a la protección de una columna que detuvo la caída de una pared. A pesar de las heridas, pudo liberarse por sus propios medios con ayuda vecinal y recibió atención médica y alimentos tras ser rescatada. Kisadia resaltó que frente a un desastre de esta magnitud, la prioridad es salvar vidas antes que preocuparse por los daños materiales, ya que la pérdida de hogares y pertenencias fue total.

Los testimonios de los sobrevivientes reflejan un sentimiento común de pérdida irreparable y un futuro incierto. Muchos dudan que La Guaira recupere su antiguo dinamismo y lamentan no poder volver a sus casas en el mediano plazo. Esta tragedia quedó registrada como el sismo más mortífero en Venezuela en el último siglo, con consecuencias profundas para las comunidades costeras próximas a Caracas.