Más de un millón de mujeres y niñas perdieron acceso a servicios esenciales de protección, atención y apoyo por el recorte en la ayuda oficial para el desarrollo, según un nuevo informe presentado por ONU Mujeres. Esta caída representa el mayor descenso anual en la financiación internacional destinada a contextos humanitarios, afectando directamente a quienes enfrentan las peores crisis.
El estudio se basó en un relevamiento a 855 organizaciones lideradas por mujeres en 52 países marcados por conflictos. Cerca del 90% de estas entidades ya no puede cubrir las necesidades reales de sus comunidades, mientras que la demanda de asistencia sigue aumentando. Frente a estas dificultades, un 40% de las organizaciones anticipa que tendrá que cerrar temporal o definitivamente el próximo año si no mejora la financiación.
Las consecuencias de la reducción de recursos son múltiples. Dos tercios de las organizaciones indicaron que tuvieron que disminuir servicios en zonas remotas o en conflicto, lo que se traduce en el cierre de refugios, menos acceso a clínicas y la suspensión de la asistencia alimentaria. Además, el 65% sostiene sus actividades gracias a personal que trabaja sin cobrar, mientras que la mitad reporta un aumento del agotamiento en su equipo.
El informe también detectó un grave incremento de la violencia de género en las comunidades atendidas, reportada por el 86% de las organizaciones. En paralelo, el 62% señaló una disminución considerable de espacios seguros para mujeres y niñas, lo que obligó a la mitad de las entidades a establecer listas de espera o rechazar nuevas solicitudes de ayuda.
La pobreza femenina se agravó, con un 92% de las organizaciones que constataron su aumento, y el abandono escolar femenino también creció, según el 82% de los relevamientos. Este panorama afecta especialmente a las mujeres y niñas en zonas aisladas, quienes enfrentan el impacto directo de la reducción en programas sociales y humanitarios.
Finalmente, el estudio muestra un retroceso en la promoción de la igualdad de género, ya que una de cada cinco organizaciones tuvo que suspender proyectos dedicados a fortalecer el liderazgo femenino o la participación en toma de decisiones a nivel local, debilitando así los avances alcanzados en años recientes.