La prediabetes representa un aviso temprano que puede pasar desapercibido, pero que indica un nivel elevado de glucosa en sangre, aún sin alcanzar los valores diagnósticos de diabetes tipo 2. Detectarla a tiempo resulta fundamental para frenar la progresión hacia esta enfermedad y prevenir complicaciones asociadas, especialmente en quienes tienen exceso de peso o hábitos sedentarios.
Este estado se caracteriza por alteraciones en la acción de la insulina o en la capacidad del páncreas para secretarla, lo que incrementa significativamente la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y patologías cardiovasculares. La prevalencia de prediabetes es alta en varios países, llegando a afectar cerca del 30% de la población en algunos casos.
Las causas son multifactoriales e incluyen factores genéticos, epigenéticos y ambientales, aunque la obesidad abdominal y la falta de actividad física tienen un peso decisivo. La resistencia a la insulina en estas personas suele estar vinculada a inflamación crónica y adiposidad localizada, mientras que la capacidad del cuerpo para compensar estas alteraciones varía según su perfil genético y otros condicionantes.
El diagnóstico se realiza mediante análisis bioquímicos específicos. En Argentina, se considera prediabetes cuando la glucemia en ayunas está entre 100 y 125 mg/dL, la glucosa supera los 140 mg/dL a los 120 minutos en una prueba de tolerancia oral con 75 gramos de glucosa, o la hemoglobina glicosilada (HbA1c) se encuentra entre 5,7% y 6,4%. Existen pequeñas variaciones en estos puntos de corte entre diferentes sociedades científicas internacionales, pero estos valores son la base para identificar este estado.
Para quienes presentan factores de riesgo como obesidad, antecedentes familiares o sedentarismo, es clave realizar controles periódicos para detectar la prediabetes a tiempo y comenzar medidas de prevención, que incluyen cambios en el estilo de vida y alimentación.