La actuación de la Orquesta Nacional dirigida por Pablo González en el Auditorio Nacional presentó un programa que abarcó desde la delicadeza de Lili Boulanger hasta la potencia nostálgica de la Sinfonía nº 5 de Chaikovski. La ejecución se caracterizó por un manejo firme y claro del director, que supo transmitir los contrastes entre las obras con una gestualidad amplia y una dirección precisa.
La primera parte reunió dos Salmos de Lili Boulanger, con el acompañamiento del Coro Nacional dirigido por Miguel Ángel García Cañamero, que mostró una afinación flexible y una interpretación dinámica. La variedad de matices estuvo presente desde los pianos muy controlados hasta los pasajes masculinos robustos, en un equilibrio que realzó la expresión textual y musical. La intervención de los solistas del coro —Rebeca Cardiel (soprano), Beatriz Oleaga (mezzo) y Xabier Pascual (tenor)— aportó brillo y calidez, con voces puras y expresivas, aunque con cierta reserva en la búsqueda de una mayor cristalinidad y voluptuosidad en las líneas debussyanas.
En esta misma parte, la infrecuente obra "La doncella elegante" de Debussy destacó por su plástica y delicada construcción sonora, respetando el “color y tiempo rítmico” que el compositor solicitaba. La orquesta y los cantantes lograron un equilibrio entre la sutileza y la precisión rítmica, manteniendo un ambiente sugestivo y evocativo.
La segunda mitad del concierto se centró en la Sinfonía nº 5 de Chaikovski, obra que combina una profundidad emotiva con estructuras formales complejas. Bajo la batuta de González, la orquesta abordó la obra con vigor y contundencia, reflejando tanto su tensión dramática como su lirismo melancólico. El director mantuvo un control sobre la forma y la dinámica que permitió transitar fluidamente entre sus momentos de furia y recogimiento.
Esta sinfonía, cuyo estreno data de finales del siglo XIX, expresa un sentido fatalista que se manifestó en la interpretación, con un manejo sutil de los temas cíclicos que representan la idea del destino. El estreno, que el propio compositor dirigió, fue criticado por su ejecución, pero en esta ocasión se mostró un balance entre creatividad e intención formal. La orquesta destacó en la articulación de los temas principales y en la construcción de climas contrastantes, que permitieron al público disfrutar de una versión comprometida y bien trabajada.

